
CRÓNICA DE LA SALIDA A LA SERRANÍA DE GUADALAJARA: ASCENSIÓN A LAS TETAS DE VIANA.
21 de febrero de 2026.
Cela, dejó escrito en su libro Viaje a La Alcarria, todo lo que vio y vivió durante sus andanzas por tierras alcarreñas y le dedicó unas cuantas líneas a las Tetas de Viana: «Las dos Tetas son casi exactamente iguales vistas desde el norte, quizás la de poniente sea algo más alta. Tienen forma de cucurucho cortado antes de la punta y terminan, cada una, en una mesa de bordes rocosos y cortados a pico que deben ser difíciles de escalar».
Estas montañas gemelas, que son el punto más alto de la Alcarria Guadalajareña y que en 2006 fueron declaradas Monumento Natural, es nuestro destino. Son «muelas» o cerros testigo, resultado de la intensa erosión que produjo el agua durante miles de años.
Iniciamos nuestra ruta en el aparcamiento donde habíamos quedado en el pueblo de Trillo, salimos dirección al circuito de motocross y tras caminar por monte bajo durante varios kilómetros llegamos al collado que divide a las gemelas montañas. Siguiendo desde ahí por un pequeño sendero y tras salvar una zona de rocas, llegamos a la escalera de hierro que nos permite subir a la cumbre.
El mirador que se abre ante nuestros ojos es bellísimo. Al noroeste, el Ocejón, nos mira desafiante; el Tajo va formando meandros entre los barrancos hasta llegar más allá a Entrepeñas, toda la Alcarria está a nuestros pies, tan solo afeadas por la Central Nuclear de Trillo.
Iniciamos la vuelta a Trillo, por el mismo camino que vinimos hasta coger una pista que nos baja al ríoTajo, cogiendo algunos atajos por el monte llegamos a un alto donde paramos a comer.
Tuvimos que buscar las sombras para sentarnos a comer nuestros bocadillos, por suerte el día fue soleado y caluroso; que ya teníamos ganas de ver el sol tras tantos días nublos y de borrascas.
Continuamos la marcha y llegamos a la orilla del río Tajo , baja con gran caudal tras las lluvias que ha recibido de los días pasados. Vamos durante unos tres kilómetros por la pista que acompaña a los meandros del Tajo y oyendo el agradable sonido del agua.
Llegamos al pueblo, entrando por el campo de fútbol y paseando junto al río hasta llegar al puente, lo cruzamos y nos acercamos a ver la bonita cascada donde las aguas del río Cifuentes se despeñan sobre el Tajo. Aquí dimos por terminada la ruta.
Hay un chascarrillo «Las tetas de Viana, muchos las ven pero pocos las maman» que en nuestro caso no se cumplió pues el grupo de veintiocho excursionistas hicimos cumbre en una de ellas.
Texto de Consuelo Concha Sobrino.
Fotografías de los asistentes a la ruta.


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