
CRÓNICA DE LA SALIDA A LA SIERRA DE AITANA(ALICANTE).
27 al 29 de marzo de 2026.
(Esta actividad no habría sido lo mismo sin la inestimable ayuda de nuestros amigos de Altea Jesús, José y Saoro)
El día 27 de marzo fuimos llegando en pequeños grupos a esa ciudad, meca del turismo que es Benidorm. Un lugar de belleza extraña donde conviven en un crisol de culturas todas las nacionalidades imaginables. Un paraje en el que se despliegan todo tipo de ofertas de ocio para dar satisfacción a sus moradores y visitantes, tengan la edad que tengan. Aplastados por la inmensidad de los edificios que conforman su trama urbana nos instalamos en el hotel y decidimos recorrer un pequeño tramo de sus calles rodeados de edificios que se nos presentan como rosas maniatadas.
Benidorm es una ciudad de contrastes y su expresión urbana es una permanente discrepancia. Así, algunos estudios la definen como un modelo de sostenibilidad mientras otros afirman que es una agresión al entorno natural. Muchos encuentran en la ciudad un paraíso de la diversión y el ocio y, mientras otros la ven como un lugar de atmósfera enrarecida.
Quizás en este cumulo de contradicciones radique su éxito, pero, en cualquier caso, su celebridad puede estar limitada en el tiempo porque otros estudios científicos cifran su declive hacia final del siglo si no conseguimos frenar los efectos del cambio climático.
Por la noche después de la cena se explica lo que va a ser la actividad que vamos a realizar al día siguiente y lo hacemos sin dejar de mirar las predicciones meteorológicas que, tal y como corresponde a la estación del año en que nos encontramos, la primavera da síntomas de una inestabilidad que puede poner en riesgo nuestros objetivos. Nos vamos a descansar con el convencimiento de que lo importante es el siguiente trecho del camino y que si surge algún imprevisto siempre podremos cambiar de rumbo hacia otros lugares más apacibles donde nos podamos sumergir en los ritmos de la naturaleza.
Amanece un día radiante de sol y desde la terraza del hotel podemos ver en su inmensidad el Puig Campana, el pico más alto -1410 metros- de la península cerca de la costa -apenas 7,8 Km lo separan del mar-. Su origen está en la orogenia Alpina compartiendo historia con le elevación de las cordilleras prebéticas. Su alzamiento se debe a una conjunción de empujes tectónicos de este a oeste que han levantado materiales calizos del Jurásico y materiales más modernos del cretácico, mientras que en la vertiente de Finestrat afloran arcillas y yesos rojos asociados a una falla geológica. Esta elevación por compresión junto con los materiales que la conforman le otorgan a esta montaña un carácter especial que hace particularmente sugerente su ascensión.
Llegamos al aparcamiento de la Font del Molli atravesando el pueblo de Finestrat. Frente a nosotros observamos el enorme muro de la montaña en el que destaca la brecha del barranc de les Marietes que sube hasta el bancal del Moro. En ese recorrido se celebra la afamada prueba del kilómetro vertical.
Una vez allí nos reunimos con nuestros dos amables acompañantes y grandes montañeros Jesús y José que vienen de Altea para acompañarnos en el recorrido. Sin más dilación iniciamos la ruta. Vamos avanzando sin perder de vista las vertiginosas laderas del Puig Campana que están adornadas de las líneas imaginarias que conforman las diferentes vías de escalada que circulan por su superficie labrada por el paso del tiempo, los efectos de la erosión y la belleza áspera de sus cumbres.
Seguimos la ruta y nos vemos sumergidos por los ritmos de la vegetación que nos indica que nos dirigimos hacia la zona norte de la montaña, la más húmeda. Domina el pino mediterráneo y diferentes tipos de matorral entre los que podemos distinguir los madroños que ya empiezan a germinar sus frutos en estas fechas aún de color verde. El camino va ascendiendo paulatinamente protegido por Ponotx y el Puig Campana. Pasamos de largo por el refugio libre José Manuel Vera Catral que data de 1979. Marchamos a un ritmo vivo que en ocasiones nos obliga a detenernos para agruparnos. En poco tiempo llegamos al collado del Pouet, primera parada, para recuperar las fuerzas que vamos a necesitar para enfrentarnos al tramo más duro de la ruta. Es aquí donde giramos a la derecha para superar los 400 metros de desnivel en 2,1 kilómetros de distancia que nos separan de la cumbre.
A partir de este momento ralentizamos el ritmo para poder subir con la fuerza suficiente para mantener alguna conversación y poder disfrutar del limitado paisaje que nos ofrece el día. El tiempo ha cambiado y la luz del inicio se ha transformado en un cielo gris que nos permite tener suficiente visibilidad a media distancia, pero no a larga. En poco tiempo abandonamos el bosque y empezamos a subir por un terreno muy fragmentado cuya característica es la miríada de piedras que forman su lecho. Todo es roca caliza descompuesta que en algún momento nos obliga a superar escalones algo más altos de lo que nuestros pasos se pueden permitir. Incluso en algún pequeño resalte hay que echar las manos o agarrarse a una cadena.
Nuestra marcha cadenciosa permite que apenas tengamos que hacer paradas para agruparnos. Abandonamos la zona más pedregosa para alcanzar otra más cómoda que nos va a situar en el collado del Bancal del Moro. Ya solo nos encontramos a 900 metros de distancia de la cima y comienza a invadirnos la alegría que sentimos los montañeros al alcanzar la cúspide. Nos hallamos rodeados por ese vapor flotante que gusta de amontonarse sobre las montañas y que nos impide ver el gran abismo marítimo del que surgió este pico.
Después de hidratarnos iniciamos el último tramo de circulación menos exigente. Rodeados de niebla y con un ritmo constante, en menos de media hora nos situamos en la cima donde las rachas de viento no pueden arrastrar la niebla y esta nos deja sin visibilidad.
Sentimos la desmesura de la cumbre e intentamos explicarnos a nosotros mismos el origen de la misma. Después de cumplir con los obligados rituales que dedicamos a los diferentes picos que coronamos, empezamos a descender por el mismo camino por el que hemos ascendido. En la zona con la roca más suelta ralentizamos la marcha para evitar que un inoportuno resbalón nos amargue la jornada.
Llegamos al collado del Pouet y una vez reagrupados giramos a la derecha para continuar con la circular. En la fuente Solsida hacemos la correspondiente parada para comer, reír y disfrutar de la oportunidad de recorrer estas montañas.
Continuamos dejando las dos cumbres, el Portell y el Puig Campana, a nuestra derecha mientras la luz se va abriendo paso y apreciamos, a nuestra izquierda, la llanura litoral que conforma la bahía de Altea. Por encima de esta bahía comprobamos cómo los árboles se beben el sol en la Nucía donde se encuentra la mayor producción de nísperos de Europa. Transitando por la naturaleza el paisaje nos ofrece una de las visiones más chocantes de esta zona: de repente emergen entre el mar y la montaña los edificios de Benidorm, la ciudad con mayor concentración de rascacielos después de New York.
Ya casi hemos terminado de rodear la montaña y en este tramo podemos disfrutar las mismas vistas que la niebla nos ha impedido vislumbrar antes. A medida que vamos descendiendo, y mientras se inician las conversaciones cruzadas típicas de un final de jornada, nos vamos aproximando al aparcamiento de inicio donde ya solo nos queda decidir en qué lugar tomaremos las cervezas.
Llegamos a nuestro hotel/refugio y antes de que finalice el día volvemos a observar de la meteorología que nos espera al día siguiente y que nos anuncia vientos de más de 90 km/hora en Aitana, nuestro siguiente destino. Nos acostamos sin una decisión tomada, pero el ulular del viento, durante la noche, resuelve nuestras dudas, cambiamos de ruta y nos encaminamos al pico del Gobernador en los inicios de la Serra Gelada.
Nos dirigimos a el Albir donde nos esperan nuestros acompañantes Jesús y Saoro que vuelven a ejercer de guías. Iniciamos el ascenso. Esta sierra separa las bahías de Benidorm y Altea y tiene como característica principal su forma de sierra asimétrica que en sentido SE es un acantilado que en algunos tramos tiene más de 400 metros de altura, mientras que en su flanco NE presenta una vertiente suave diseccionada por una importante red de drenaje. El acantilado está formado por materiales de diferentes resistencias areniscas, calcarenitas y margas fácilmente erosionables lo que construye un abismo con diferentes morfologías.
Iniciamos el ascenso hasta llegar a las antenas y el día nos muestra un paisaje de 360 grados espectacular. Frente a nosotros, el mar Mediterráneo símbolo de lo emocional. De norte a sur podemos deleitarnos con la visión que va desde el Peñón de Ifach; la bahía de Altea; Benidorm; Playa de San Juan; Alicante; el cabo de Santa Pola; más al sur la Torre de la Horadada y las primeras sierras de Murcia.
Hacia el oeste, majestuoso, el Puig Campana; el Ponotx; la sierra de Bernia y la tormenta que está azotando el pico Aitana. Después de un descenso tranquilo por una pista forestal volvemos al aparcamiento. Una vez allí una parte del grupo inicia el regreso a Madrid y otros decidimos concluir la salida con una comida en un restaurante incrustado dentro del paisaje de la sierra de Guadalest.
Ya en los coches cerramos los ojos e intentamos alargar el tiempo de permanencia en las montañas. Según una antigua leyenda griega, quien hizo surgir las montañas y modeló la tierra fue Eros, el dios siempre joven, el primogénito del caos, el dios del amor eterno. Y en Eros nos reconocemos como enamorados que somos de la práctica de este deporte.
Texto de Germán Domínguez Adrio.
Fotografías de los asistentes a las rutas.


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