CRÓNICA DE LA SALIDA DE MAYO (1-3) CANAL DE CASTILLA
Recorrido: Medina de Río Seco-Becerril de Campos (Día 1), Becerril de Campos-Valladolid (Día 2) y Valladolid-Medina de Río Seco (Día 3)
Salimos trece. Un número que en cualquier otra circunstancia podría sonar a mala suerte, pero que para el Peñalara es simplemente la cifra exacta para que siempre falte una silla en la terraza del bar. Y así, con la moral alta y las bicis limpias, nos lanzamos al Canal de Castilla.
Día 1: De Medina de Rioseco a Becerril de Campos, con un tiempo tan bueno que parecía patrocinado. El canal a un lado, el buen humor al otro, y un recorrido precioso que nos hizo creer que aquello iba a ser un paseo triunfal de tres días.
Exclusa
El día anterior algunos visitamos Medina de Rioseco, que resultó tener una calle Mayor con soportales antiguos digna de película de época.
Y para completar el día, nos alojamos en un hotel pequeño y con muchísimo encanto, de esos que te hacen pensar que igual deberías mudarte allí. Tenía una mesa de billar que invitaba a montar un campeonato improvisado y una terraza con jardín estupenda donde uno podía sentarse, respirar hondo y fingir que no iba a llover al día siguiente.
Día 2: El cielo decidió que ya estaba bien de tanta postal bucólica. Lluvia, viento de frente, ese viento que te hace dudar de si llevas freno de mano puesto o si alguien te ha cambiado la bici por un tractor.
Pero encontramos refugio, un café a tiempo, un techo providencial y luego comida en Dueñas, donde entramos como peregrinos y salimos como seres humanos funcionales.
Después, llegada a Valladolid, donde las tapas cumplieron su función terapéutica. Porque si algo cura un día de viento hostil, es una croqueta bien puesta.

Valladolid
Día 3: Ya fuera del Canal, tocaba unir Valladolid con Medina de Rioseco por caminos de labranza. Debido a las lluvias del día anterior tuvimos barro, el tipo de barro que se te pega a la bici, a las zapatillas, a las alforjas, a todo. Ese barro que se te acumula en las ruedas hasta que la bici pesa lo mismo que un piano de cola. Ese barro que te hace pensar “igual hoy no era el día para haber nacido”.
Pero llegamos, contentos, cansados y gloriosamente embarrados. Una llegada que parecía más una escena de supervivencia que una ruta ciclista, pero con sonrisas que lo decían todo.

Misión cumplida
Otra salida más del Club Peñalara en la que se confirma lo de siempre, el tiempo puede ser traicionero, el barro puede ser vengativo, el viento puede ser personal, pero los buenos ratos juntos no hay quien los pare.
Y así, entre risas, tapas, charcos y kilómetros, el puente de mayo quedó archivado en la memoria colectiva como otra aventura que repetiremos cuando se nos olvide lo que pesa el barro mojado.

Itinerario
Cronista Teresa Yelmo


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