Tras la suspensión de la salida del sábado por la lluvia, la vocalía ciclista de Peñalara consiguió reunir el domingo a 14 participantes con ganas de pedalear y de aprovechar la ventana de buen tiempo. El cielo se mantuvo seco durante toda la jornada, aunque el frío fue intenso y, por momentos, el sol se escondía tras las nubes, dejando un ambiente plenamente invernal.
A la convocatoria se sumaron también Miña y Sonia, dos amigas de socios que aportaron energía y buen humor al grupo. Además, contamos con la compañía de Pepe Ynat, cuya presencia siempre es un placer y a quien esperamos ver cada vez más a menudo en las salidas ciclistas.

A pesar de la lluvia caída el día anterior, los caminos ofrecieron menos barro del esperado, lo que permitió rodar con comodidad. El frío, lejos de desanimar, dio ese punto de épica que siempre acompaña a las salidas de enero.
Antes de arrancar, hicimos una primera parada para tomar café, ese ritual que ya forma parte de la liturgia del grupo ciclista. Más adelante, algunos repitieron en el Lago de la Casa de Campo, donde el ambiente tranquilo invitaba a recuperar fuerzas, mientras el resto aprovechábamos para charlar de diferentes temas. Cada loco con su tema… Poco después Miña y Sonia se despidieron porque tenían otros quehaceres.

La ruta, diseñada y guiada por Fojo, nos llevó por parajes inhóspitos y sorprendentes de Madrid, zonas poco transitadas que serpentean cerca de las carreteras de circunvalación. En varios puntos del recorrido pudimos incluso disfrutar de las vistas lejanas de la Sierra de Guadarrama, con sus montañas nevadas tras el temporal del día anterior, un regalo inesperado que añadía profundidad al horizonte. Un itinerario que demuestra, una vez más, que la capital guarda rincones sorprendentes incluso para quienes la pedalean a menudo.

Durante la ruta visitamos algunos de los pulmones verdes más emblemáticos de la ciudad: la Dehesa de la Villa, el Parque del Oeste, la Casa de Campo y el Parque Adolfo Suárez (este último en el municipio de Pozuelo). Un itinerario variado, con cambios de paisaje constantes y un ritmo cómodo para disfrutar en grupo.


Uno de los momentos más especiales llegó de la mano de Pepe (el marido de Julia), que nos guió hasta un rebaño de ovejas que habita en la Casa de Campo. Entre ellas había numerosos corderitos de apenas un mes, que nos recibieron con sus balidos agudos, convirtiendo la parada en una escena entrañable y muy poco habitual en una salida ciclista urbana.


Un papel fundamental lo desempeñó también Mario, siempre atento a que nadie se rezagara ni se desviara del recorrido. Con su habitual paciencia y buen ojo, fue pastoreando al grupo en los cruces y zonas más confusas, asegurándose de que todos rodáramos juntos y sin sobresaltos. Su labor silenciosa pero imprescindible volvió a marcar la diferencia en la dinámica de la salida.
Otro de los imprescindibles del día fue Ángel Pablo, cuya mirada curiosa y habilidad para captar momentos espontáneos hacen que lo consideremos ya nuestro reportero gráfico oficial en todas las salidas a las que asiste. Gracias a él, siempre podemos revivir la ruta con imágenes que transmiten el ambiente, el compañerismo y la belleza del recorrido.
La jornada concluyó con la sensación compartida de haber aprovechado un domingo frío pero perfecto para rodar. Buena compañía, una ruta variada y ese toque inesperado que siempre deja huella. Echamos de menos a quienes no se pudieron apuntar a la segunda convocatoria, pero no hay problema: ¡habrá más ocasiones!
Texto: Ana Torre
Fotos : Angel Pablo Corral


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