En aquellos días, los cielos no dejaban de enjuagarse día tras noche, los temporales se sucedían y las citas a actividades de Peñalara se suspendían a moco tendido en catarros que pasaban a ser mascotas, bacterias y virus como animales de compañía.
Todavía la víspera, el viento airado agitaba los toldos que se aferraban a su sostén , mientras su aullido feroz asustaba a los peñalaros beteteros empeñados en acudir a San Sebastián de los Reyes donde nuestro magro Fojo nos había convocado.
Roberto avisó de su temor a barros y calamidades y las bajas se iban produciendo a cuentagotas…
Ese día, los que acudimos desde Madrid con los pulpitos dispuestos para amarrarnos a las bicis para no volarnos, atravesamos un túnel del tiempo y llegamos sorprendidos al polideportivo, donde unos tímidos rayos de sol alumbraban la fría mañana calma e invernal. Con ese almíbar de luz que se fue derramando en las sonrisas sorprendidas de trece valientes que nos quedábamos pasmados ante un silencio sin ulular iracundo.
Tras meses de hibernación obligada, disfrutamos de cafés ralentizados por incorporaciones demoradas y vistas a los nadadores madrugadores del polideportivo, con encuentros de viejos y queridos amigos como Juan Sainz, que deshizo la maldición del número trece por la ausencia de nuestro querido Nacho Aizpurúa.
Por asunto de casquería, tardamos en partir. Marisa buscaba desesperadamente su casco, como Manolo Escobar, su carro y, abandonada toda esperanza, comenzamos el itinerario en seco , que había modificado Jesús Vázquez, ante cierto temor general, no sé por qué.
El caso es que, saltarines, comenzamos a discurrir entre Dehesa Boyal y Parque de Valdelatas y , en ese cielo raso entretejido de retorcidos pinos goyescos, parecíamos disfrutar con una sonrisa perenne y asombrada ante la ventana de luz y alegría, que nos había tocado en suerte.

Nuestros compañeros “enchufados” nos adelantaban y nuestro querido “lebrel”, Mario, nos esperaba y reconducía cuidando que nadie se despistase.
De pistas, a bosques, de cruces por pasarelas, a túneles y carriles bici…rutas selectas y variadas.

Concluido el periplo, los que todavía teníamos kilómetros por delante, Pilar, Carlos Gómez-Villaboa, Jesús y esta que pedalea estas líneas, nos alejamos de la meta , no sin antes desearles felices cañas y celebrar que San Valentín nos regaló esta sorpresa y… el hallazgo del casco de Marisa, que lo que había perdido era la cabeza y no el casco 😀
¡Qué alegría volver a vernos todos!

Texto: Laura Serrano de Santos
Fotos: integrantes de la ruta.


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