
CRÓNICA DE LA XXXIX MARCHA HERREROS-GALILEA.
23 de mayo de 2026.
La montaña volvió a reunirnos un año más en una de esas citas que ya forman parte de la memoria colectiva de todos los peñalaros.
En esta ocasión, las Vocalías de Medio Ambiente y Excursionismo unieron esfuerzos para celebrar conjuntamente la XXXIX edición de la emblemática Marcha Herreros-Galilea, una jornada cargada de simbolismo, compañerismo y amor por la Sierra.
A las 9:00 de la mañana, junto al monumento al montañero en el Puerto de Navacerrada, veinticinco participantes nos dimos cita bajo un cielo limpio y una luz de primavera especialmente hermosa, de esas que parecen realzar cada perfil de la montaña y dar aún más sentido al camino que nos disponíamos a recorrer.
La ruta, circular y de unos 16 kilómetros, con cerca de 680 metros de desnivel positivo y otros tantos de descenso, nos llevó por algunos de los rincones más queridos y significativos de nuestra sierra: el alto del Telégrafo, la pradera de Siete Picos, la siempre evocadora senda Herreros (PR-8), las praderas de Navarrulaque y Majalasna, la senda de los Alevines, el collado Ventoso y el clásico camino Schmid (que este año conmemora su centenario), hasta regresar de nuevo al puerto de Navacerrada.
Más allá del esfuerzo físico y de la belleza cambiante del paisaje natural, forestal y ganadero que nos acompañó durante toda la jornada, el verdadero valor de esta marcha estuvo en transitar tres sendas profundamente ligadas a la historia sentimental de Peñalara.
Cada paso parecía resonar con ecos de quienes las recorrieron antes, recordándonos que caminar por ellas es también mantener vivo un legado.
Fue un día para compartir conversaciones pausadas, silencios contemplativos, recuerdos y sonrisas; una jornada en la que la montaña volvió a enseñarnos que las rutas más valiosas no se miden solo en kilómetros, sino en emociones compartidas.
Nuestro agradecimiento a Emilio Lapeña, nuestro organizador y guía, por hacer posible una nueva edición de esta marcha que, casi cuarenta años después, sigue siendo mucho más que una excursión: es una celebración de nuestra historia común y de ese vínculo profundo que nos une a la Sierra y entre nosotros.
Texto de Miguel Ábgel Ruiz.
Fotografías de los asistentes a la ruta.


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